22 julio 2015

Reflexión

Llevo una larga temporada (más o menos el tiempo que llevo dedicándome a la enseñanza de aikido) buscando un camino en el que sentirme satisfecho con mi práctica, sentirme orgulloso de mi herencia y de la forma en que la estoy desarrollando. En todo este tiempo, el gran descubrimiento ha sido Iwama Ryu, sin duda; en principio, el trabajo de ken y jo. Y aunque la parte de tai jutsu me parece menos atractiva en comparación con lo que he aprendido en todos los años anteriores (y son formas, conceptos y enseñanzas que me encantan), creo que su método tan progresivo de aprendizaje es muy efectivo. Aprendes sin fisuras, sin vicios, con mucho control. Ahora, para desesperación de mis alumnos (les debe parecer que soy como una veleta, que me muevo por impulsos), sigo ese método para enseñarles lo que sé, y también trabajamos técnicas en la forma de esa escuela. Por otra parte, desde que practicamos el buki waza de Iwama Ryu, he notado un salto cualitativo importante en mi práctica y en la de mis alumnos. No puedo dejar de recomendar practicar con bokken y jo, del estilo que sea. La ventaja de las armas de Iwama Ryu es que su objetivo es el mismo que el del tai jutsu; es decir, no es kenjutsu, ni iaido, ni jodo, ni kendo, que son unas disciplinas estupendas, pero no me parecen completamente transferibles a la práctica de aikido. En el buki waza de Iwama, se trata de usar las armas para potenciar tu ki, asentar tu postura y aprender a mover tu cuerpo para hacer aikido.

En cualquier caso, seguimos practicando. En realidad, lo mismo da qué estilo practiques mientras tu práctica sea sincera, mientras lleves, en el contexto de la práctica, a tu uke hasta el final de la técnica sin opciones de resistirse, mientras lo eduques en un camino sin violencia sin que tenga la más mínima oportunidad de reafirmarse en su actitud agresiva. Por mucho que lo intente, no debe tener más que un único camino: el que le marques, un camino fácil y directo hacia un final no violento. Parámetros muy sencillos, tan insultantemente sencillos que solemos decidir que nosotros podemos hacerlo mejor.

El vídeo que he puesto a continuación no es  no es más que la prueba de que sigo enredado en la maleza de los bordes del camino, intentando llegar a esas baldosas amarillas que me lleven por fin a algún sitio, aunque quien esté allí me diga que la solución a mis problemas ha estado siempre en mí.