16 noviembre 2010

Quiero pedir disculpas

En una ocasión escribí lo siguiente en este blog: […] no se entiende que haciendo unos exámenes tan malos aprobaran todos. Se examinaron diecisiete, pero creo que sólo cuatro o cinco merecían aprobar. Igual tiene que ver con lo que voy a decir ahora, que, quizás, no será políticamente correcto, pero tengo la sensación de que los rollos entre Iñaki y Juan Pedro Poderoso le hacen un tremendo daño al aikido en Bizkaia. ¿Acaso vamos a aprobar todos siempre?
Lo escribí el 15 de mayo de 2007, después de asistir a un curso de Iñaki Sánchez, Pedro Fournier y Ezequiel Zayas. Escribía para mí y no veía la necesidad de callar nada. Hasta que te enteras de que alguien lee lo que escribes y entonces tus palabras trascienden ese pequeño espacio que les has asignado. Y entonces tus palabras tienen consecuencias. Lo cierto es que escribí esa breve crónica en un contexto muy determinado. Nos habíamos dado cuenta de que últimamente todo aquel que se presentara a examen aprobaba. Yo mismo, en una ocasión por lo menos, necesité que me dijeran que había aprobado muy justito; o incluso merecí suspender, quién sabe. La cuestión es que los tribunales consideran que el que se presenta ya está aprobado, por el simple hecho de presentarse, por cumplir los trámites, por tener las horas firmadas por los respectivos profesores. Es la opinión de gente que practicaba aikido antes de que yo naciera. Sin embargo, personalmente, me gustaría que se matizaran los aprobados, que cada uno tuviera una mínima información sobre cómo lo ha hecho, para saber qué mejorar. Porque todo no se justifica con los nervios.
No quiero irme por las ramas. Aquel día me parecía estar presenciando una especie de carrera armamentística, en la que se estaban acumulando grados, casi como quien colecciona sellos. Y me pareció que todo el mundo hacía lo mismo, que yo podía tener un grado en aikido susceptible de ser coleccionado por alguien. Separé el mundo en dos facciones. Me precipité en mis conclusiones. No tenía ni tengo la experiencia ni el conocimiento necesarios para hablar de ciertas cosas, de muchas cosas. Por lo tanto, quiero rectificar y pido perdón,, en el mismo medio en el que generé el daño.