17 diciembre 2009

Sólo hasta luego

Estamos acostumbrados a ver cómo la gente va y viene, independientemente de la actividad, deporte o arte marcial que practiquemos o enseñemos. En los pocos años que llevo dedicado a enseñar aikido han sido numerosas las personas que han empezado, que lo han dejado, que han vuelto y lo han dejado de nuevo… por muchísimas razones. El profesor siempre supone, con buena intención, que importantes razones justifican las idas y venidas. Aiki invita a asumir que nada permanece inalterable hasta el fin de los días, a aceptar los cambios como un reto que nos permitirá mejorar en algún aspecto de nuestra vida, tanto a nivel físico como a nivel mental y espiritual. Ante los cambios hay que tomar decisiones, y hay decisiones muy difíciles de tomar, y son precisamente esas decisiones las que acaban eliminando la ambigüedad que pueda haber en nuestras vidas. Nos ayudan a definirnos, a marcar la diferencia entre el antes y el después, entre lo que nos puede conducir al desastre y lo que reconduce nuestras vidas.
Hay que asumir los cambios, tomar decisiones y aceptar que esas decisiones conllevan unas responsabilidades, y ser coherentes con las decisiones y las responsabilidades. Admiro a toda esa gente que llegado el momento hace lo que tiene que hacer, pese a lo que pese, que es capaz de hacer grandes sacrificios personales en pro de un beneficio que trasciende lo individual. Cuando hace apenas dos semanas uno de mis alumnos y secretario de la asociación me comunicó que tenía que dejar las clases, me sorprendió, por supuesto. Sin embargo, tenía poderosas razones de índole profesional pero sobre todo de índole personal. Casi se le quiebra la voz y, con unos txakolis y una exquisita gilda, nos consolamos mutuamente. La asociación y yo perdemos un alumno. El resto de alumnos de la asociación pierde un compañero. Pero todos ganamos un amigo.
Gracias por todo, amigo, por tu trabajo y apoyo incondicional para poner en marcha este proyecto, por la iniciativa que has mostrado en todo momento. Ha sido impagable. Será un placer mantener contigo alguna conversación interesante en adelante.
¡Hara bete ki, watatsumi!

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