08 febrero 2009

La asociación, o lo que sea

Desde la Prehistoria, el ser humano ha sabido bien que uniéndose a otros sería más fuerte; es decir, que tendría más posibilidades de dar caza al mamut y demás bichos. Lobos y leones cazan en grupo sus presas. Y dejando de lado esos instintos primarios y usando un ejemplo no tan primitivo, no tenemos más que mirar hacia nuestros verdes montes vascos: en nuestros montes, era habitual el trabajo comunal, hacer los trabajos necesarios entre todos los habitantes del pueblo; todos trabajaban en beneficio de todos. Es decir, una persona sola no puede abarcar absolutamente todo lo que se propone; en algún momento, algo fallará, y no podrá conseguir todo lo que se proponía. Entre muchos, en cambio, se puede conseguir beneficio para muchos.

En ocasiones, he sido un lobo solitario frente a una manada de ciervos. Sin poder decidir a cuál atrapar, mira a uno primero, y a otro después. No se atreve a moverse de su sitio, el pobre. Si no consigue comida, morirá de inanición. Finalmente, presa de la desesperación, sale tras un ciervo, a toda velocidad. Las garras se clavan al suelo, y el lobo corre cada vez más veloz en cada paso. La velocidad hace que el viento silbe en las orejas del lobo, y el pelaje se le pega al cuerpo, para reducir la resistencia al aire. El instinto de supervivencia guía al lobo, pero también al ciervo. Ambos quieren salir con vida de esa lucha. Yo era ese lobo, y los ciervos huidizos de la manada, todas las labores que pretendía realizar.

Al igual que los lobos para cazar, yo necesitaba ayuda, y se me ocurrió formar una asociación; por un lado, para repartir funciones, y por otro, para vincularnos más formalmente a al Club de Aikido Amagoia. Me reuní con Jose Luis y Juantxo de Amagoia, para explicarles qué queríamos hacer; les pareción bien. Luego, hice una reunión, y los alumnos estuvieron de acuerdo conmigo. Siempre han tenido un comportamiento excelente, y en esta ocasión también. Decidimos crear una asociación, y dentro de ella, una agrupación deportiva. Ahora estamos a vuelta con el nombre, atascados a causa de un temilla burocrático: un funcionario del Registro de Entidades Deportivas me dijo que según el Decreto 29/1989 del Gobierno Vasco no se puede poner la palabra aikido en el nombre de la agrupación, porque el deporte principal es el judo, y debemos usar la palabra judo, nos guste o no. Absurdo. He leído el Decreto, pero se menciona la modalidad deportiva, y no se dice en ningún lugar que ese deporte deba ser el deporte principal de la federación. Entretanto, debemos empezar a preparar diversas actividades: exhibiciones, charlas, carteles… preparar la estrategia, en definitiva. Una vez repartidas las funciones, todo será más simple, y estoy seguro de que en vistas al futuro actuaremos con mayor efectividad y que conseguiremos ampliar el grupo.

En el siguiente capítulo: ¿En qué hemos quedado?

07 febrero 2009

¿Estoy cambiando?

Estoy en una encrucijada. Normalmente las encrucijadas dan alternativas: puedes dirigirte en varias direcciones, o volver atrás. Sin embargo, en ocasiones, los cruces de caminos son como remolinos. Hace unos meses, dudaba, en una especie de crisis, y muchos me ayudaron a resolver algunas dudas. Otras dudas quedaron latentes, esperando a que me despistara. Pero sólo una de ellas me preocupa en realidad; las otras se aclararán con el tiempo (preocuparse por ello y la carabina de Ambrosio…), porque sé a ciencia cierta que metiendo horas en el tatami y centrándome esas dudas acabarán desapareciendo. Pero esa otra duda… Esa otra duda me preocupa: ¿estoy cambiando? ¿Y quiero cambiar? Sé que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Sé que el agua que se estanca se pudre. Sé… Y sé que ahora no debo ocuparme sólo de mí mismo: doy por hecho que mis alumnos y los padres de los han puesto su confianza en mí.
Entonces, ¿me conviene cambiar? ¿Debería seguir una línea de trabajo concreta? Mis neuronas envían mensajes contradictorios: las que andan bien calientes (mensajeras del corazón) me incitan a seguir como hasta ahora, experimentando, y las frías (las que me dicen “¡eh tú! pon los pies en el suelo”), en cambio, que debo centrarme en algo concreto. Y creo que eso es lo que hay que hacer, o que eso debemos hacer los que enseñamos. Tenemos una gran responsabilidad, sobre todo al principio, y muchas veces, cuando como alumnos hemos a cursos de la ceca a la meca solemos seguir igual. Y al acabar el curso, cuando volvemos al dojo, nos entran pájaros en la cabeza, que empiezan a dar vueltas y a enredar por todos lados.
Hace poco, unos de los que empezamos en Leioa nos reunimos con Javi en Romo. Excepto a Javi y a Sabin, a los demás no les he visto en todos estos años. Hablamos poco de aikido, pero si un poco sobre la situación burocrática actual. Y mientras volvía a casa, me di cuenta de que estaba cambiando y que debo controlar ese cambio. En lenguaje de ciencia ficción, no debo permitir que ese proceso me controle. Debo volver al origen. Y a decir verdad, gracias a Miguel, no será difícil volver al origen espiritual, aún estando tan lejos del origen físico. Me recuerda a Javi en muchos sentidos, aunque son muy distintos. Por supuesto, de momento, por lealtad, Jose Lus seguirá siendo mi profesor en Donosita. Le debo mucho, y las deudas deben ser satisfechas.
En el siguiente capítulo: la asociación, o lo que sea.