17 diciembre 2009

Sólo hasta luego

Estamos acostumbrados a ver cómo la gente va y viene, independientemente de la actividad, deporte o arte marcial que practiquemos o enseñemos. En los pocos años que llevo dedicado a enseñar aikido han sido numerosas las personas que han empezado, que lo han dejado, que han vuelto y lo han dejado de nuevo… por muchísimas razones. El profesor siempre supone, con buena intención, que importantes razones justifican las idas y venidas. Aiki invita a asumir que nada permanece inalterable hasta el fin de los días, a aceptar los cambios como un reto que nos permitirá mejorar en algún aspecto de nuestra vida, tanto a nivel físico como a nivel mental y espiritual. Ante los cambios hay que tomar decisiones, y hay decisiones muy difíciles de tomar, y son precisamente esas decisiones las que acaban eliminando la ambigüedad que pueda haber en nuestras vidas. Nos ayudan a definirnos, a marcar la diferencia entre el antes y el después, entre lo que nos puede conducir al desastre y lo que reconduce nuestras vidas.
Hay que asumir los cambios, tomar decisiones y aceptar que esas decisiones conllevan unas responsabilidades, y ser coherentes con las decisiones y las responsabilidades. Admiro a toda esa gente que llegado el momento hace lo que tiene que hacer, pese a lo que pese, que es capaz de hacer grandes sacrificios personales en pro de un beneficio que trasciende lo individual. Cuando hace apenas dos semanas uno de mis alumnos y secretario de la asociación me comunicó que tenía que dejar las clases, me sorprendió, por supuesto. Sin embargo, tenía poderosas razones de índole profesional pero sobre todo de índole personal. Casi se le quiebra la voz y, con unos txakolis y una exquisita gilda, nos consolamos mutuamente. La asociación y yo perdemos un alumno. El resto de alumnos de la asociación pierde un compañero. Pero todos ganamos un amigo.
Gracias por todo, amigo, por tu trabajo y apoyo incondicional para poner en marcha este proyecto, por la iniciativa que has mostrado en todo momento. Ha sido impagable. Será un placer mantener contigo alguna conversación interesante en adelante.
¡Hara bete ki, watatsumi!

16 septiembre 2009

¿Sabéis hasta dónde?

Hay un libro muy interesante sobre aikido que no trata en absoluto de su aspecto técnico ni de la parte física. Podría ser el de Kisshomaru Ueshiba, el de André Protin, el de Mitsugi Saotome… Esta vez, en cambio, me gustaría hacer una pequeña mención a Aikido. El camino de la armonía universal y la unión con el universo, de Stan Wrobel (ISBN: 968-19-1140-7). Es un libro que traslada las enseñanzas del dojo a la vida cotidiana, que invita al autoconocimiento. Francamente interesante.

Creo que hay muy pocos aikidokas que no sean conscientes de que el valor del aikido va más allá del horario de clase, de que hay que aplicar fuera lo que aprendemos dentro, y de que eso no significa el uso técnico del aikido en cualquier circunstancia y a la mínima oportunidad. Creo que la gran mayoría sabe que el aikido nos ofrece una serie de “estrategias” para resolver conflictos sin necesidad del uso de la fuerza, y creo, asimismo, que prácticamente todos entendemos que eso también nos sirve para afrontar los contratiempos de otra manera. Una persona que es para mí un ejemplo a seguir me dijo en su día: “no hay que preocuparse, sino ocuparse”. Si el coche no arranca, no pierdas el tiempo en maldecir y golpear el volante; asegúrate de que la batería no esté descargada, abre el capó, echa un vistazo o llama al seguro. Si un señor mayor insiste en decirte que el partido de ayer acabó en empate a dos y tú sabes, porque estuviste allí o porque marcaste uno de los goles, que el resultado fue 3 a 2, no discutas; no es un asunto capital, no es una discusión en la que realmente importe la verdad. Los ejemplos son infinitos. Lo importante es entender que la vida es corta y bastante tiempo perdemos durmiendo como para seguir despilfarrándolo en tonterías. Lo importante es entender que armonizar con todo lo que nos rodea es como usar el mejor lubricante en la máquina más perfecta y exacta. ¿No es bastante importante el tiempo que pasamos en este mundo como para intentar que todo fluya y sea sencillo?

Porque, en definitiva, lo importante no es imponerse. Uno nunca se impone convenciendo, sino venciendo, y nunca se convence a la fuerza. El aikidoka que no entienda eso acabará buscando la supremacía a través de la técnica, hasta depurar sus movimientos hasta el máximo de efectividad, pero no conseguirá relacionarse con su entorno ni consigo mismo en términos de armonía. Sencillamente conseguirá ser técnicamente mejor que los demás. Estará al nivel de cualquier competidor. Sería como comparar la política internacional de Georges W. Bush con la que Noruega lleva a cabo desde hace años. Noruega es uno de los países líderes en fomentar el diálogo para resolver conflictos. Y algo muy interesante respecto a eso: nunca actúa en países en los que tiene intereses económicos. La entrevista al ministro de exteriores noruego publicada el domingo 13 de este mes en El País es reveladora.

Uno de nuestros amigos practicó aikido con nosotros cerca de un año. No pudo continuar por falta de tiempo. Acababa de aumentar la familia y su cargo de cierta relevancia en una entidad de ahorro se lo impidió. Es un hombre curtido, con experiencia, pragmático, que toma el control de la situación antes de que pestañees, un gran conversador, generoso… En definitiva, uno de esos amigos que todo el mundo debería tener. Lástima que haya tan pocos. Le encantó el aikido, su parte práctica, en concreto. Se sintió más ágil y flexible, creció un centímetro… En cambio, el componente filosófico-espiritual no le atrajo en absoluto. Claro, es un hombre pragmático que está habituado a quitar los adornos e ir al grano. Estaría encantado de introducir el aikido como actividad extraescolar cuasiobligatoria en el colegio de sus hijos, en lugar de otras artes marciales. Porque el aikido no fomenta la competitividad, porque fomenta de verdad los valores que los deportes que se suelen practicar echan por tierra (deportividad, respeto…). O sea, la punta del iceberg de aquello que no le atrajo. Si le damos un poco más de tiempo, su punto de vista cambiará un poco más.

Estoy cada vez más convencido de que el aikido es una de las herramientas que más necesita el ser humano para sufrir el mínimo daño en este mundo. Es cada vez más claro que la gente no ve más allá de su ombligo y que todo está condicionado por intereses particulares. Absolutamente todo se decide en función del beneficio que va a aportar. ¿Para qué darle 50 céntimos a ése que pide en la puerta de la tienda? Sólo está ahí de pie, mientras yo trabajo un montón de horas, y 50 céntimos son medio café, y siempre tomo un par de cafés al día. Desde ese punto de vista, darle limosna a esa persona no aporta ningún beneficio. Ahora bien, observa qué ocurre cuando alguien le da una moneda, del valor que sea. La mirada de agradecimiento es impagable. Una vez le di una moneda mi hija para que se la diera a un hombre que pedía a la entrada de una tienda de alimentación. Aquel hombre, sin siquiera mirar la moneda, cogió la mano de mi hija y se la besó. Luego, me dio las gracias a mi con gestos más que elocuentes. “Haz el bien y no mires a quién”. Ahora, cada vez que pasamos por allí, ese hombre nos saluda, con moneda o sin moneda. ¿Cuánta gente te agradece así un detalle sin importancia? Eso te hace lamentar no poder tener un presupuesto específico para eso. Hoy en día, la velocidad vertiginosa de lo moderno es lo que importa, las modas, te invitan a una red social y aceptas sin apenes pestañear… Giramos sin remedio en una huida hacia ningún lado, y nada de lo que hacemos tiene sentido. El aikido puede mostrarnos el camino. Hay que detenerse, ver nuevas formas de ver, y empezar de nuevo. Empezar de nuevo a dar, a crear. Stan Wrobel lo explica así en su libro: «La palabra arte se ha utilizado para describir diversas actividades y procesos, así como objetos con cualidades estéticas. El arte implica el aprendizaje de habilidades específicas y su utilización para producir creaciones atractivas, pero va más allá de los aspectos técnicos de la actividad: conlleva el uso de respuestas intuitivas y suscita una expresión personal cargada de visiones, sentimientos y emociones; incluye principios, procesos, intuición, imaginación, destrezas… Es la expresión propia y produce belleza; refleja nuestras destrezas innatas y aprendidas, nuestra originalidad o creación; provoca una sensación de armonía, control y maestría. La recompensa del arte es la satisfacción por las habilidades, por la destreza en el proceso y por la expresión verdadera del ser. El estudio de un arte es como un mapa que indica el camino hacia cierto lugar, y es tarea personal determinar cuál es ese lugar».

01 agosto 2009

Cena de fin de curso (verano 2009)

El miércoles 29, después de la clase, celebramos el fin de curso (tanto el regular como el de iniciación) con una cena. Sólo pudimos acudir ocho (algunos por trabajo, otros porque no podían, o por pereza…), y Rafa se encargó de prepararlo todo. La primera parte de la cena consistió en un par de delicatessen: bonito marinado y ensalada templada con codorniz, crocanti y pasas. Después, llegó el turno de los langostinos de Ibarra y la chuleta, y de postre, nueces, queso y membrillo hecho por él mismo. Lo pasamos estupendamente: los chistes de Iñigo, Jose y Rafa amenizaron la velada. Lo pasamos tan bien que la cámara de fotos, encerrada en su funda, casi pereció de aburrimiento.
Las únicas fotos las hicimos al salir. La mayoría (o sea, las que hice yo) están borrosas, pero las demás están decentillas. Una pena de testimonio gráfico.

Las fotos están aquí (aquí, aquí…)


23 junio 2009

Cartel del curso de iniciación

Acabo de dejar este cartel en la imprenta. Me ha llevado su rato pensarlo, hacerlo y corregirlo. Ha quedado bastante decente. Vamos a ver si funciona.

22 junio 2009

Juan Pedro Poderoso, Curso en Vitoria-Gasteiz

No sé cuánto tiempo llevaba esperando el 20 de junio. Desde que tuve noticia del curso, he estado en un par de ellos (uno de ellos el de Franck Noël también en Gasteiz), pero los cursos de Juan Pedro Poderoso tienen algo especial: es el retorno al origen, es ver a viejos conocidos, es hacer frente a los desafíos...
Es el retorno al origen, porque la base de mis formas de aikido las traje de allí. Es ver a viejos conocidos, porque son conocidos y de hace bastantes años, porque nos vemos de cuando en cuando (aunque los de aquí también pronto entrarán en la categoría de viejos conocidos). Es hacer frente al desafío, porque Juan Pedro parece estar en continua evolución, porque siempre trae algo nuevo y novedoso...
Sus últimos cursos son de un solo día, pero nos da bastantes ideas, conceptos, técnicas y movimientos, tanto como para trabajar un año entero.
En Gasteiz, el bokken y el jo fueron protagonistas: uke manejaba el bokken y tori, el jo. Vimos cómo se pueden aplicar los movimientos de las armas cuando trabajamos sin ellas. Hay una gran cantitad de matices latentes en ese trabajo. Algunos se ven enseguida, pero otros, en cambio, son muy sutiles. Por ejemplo, gyaku yokomen nos sugería ushiro kiri otoshi (muy fácil de apreciar), pero, por otra parte, a través del movimiento que hacemos con la muñeca al absorber con el jo el shomen uchi del bokken, aprendimos la clave para colocarnos correctamente detrás de uke para ejecutar irimi nage. Fue tremendamente enriquecedor.
Desde el principio, Juan Pedro resaltó el principio de irimi. Lo trabajamos a través del jo. Juan Pedro da el atemi en el pecho. Normalmente, estamos acostumbrados a dar el atemi y provocar kuzushi en la cara, pero él lo da en el pecho, con la mano abierta, cuando uke no ha afianzado los pies en el suelo, provocando un kuzushi muy claro. Realmente, "sólo" trabajamos cuatro técnicas (y en todas el ataque fue shomen uchi): gokyo ura, irimi nage, ushiro kiri otoshi y kote gaeshi. El procedimiento era muy simple: irimi, atemi, absorción y técnica.
Fue bastante particular cómo manejamos el codo de uke en irimi nage y kote gaeshi: teníamos que proyectar el codo de hacia delante de du cuerpo, provocando kuzushi. Después, para hacer irimi nage, Juan Pedro prolongaba kuzushi desde los hombros de uke, sin utilizar su brazo. Para hacer kote gaeshi, mientras proyectábamos el codo de uke con la mano de fuera, con la otra sujetábamos su muñeca y absorbíamos, para provocar ukemi en uke.
¡Y ver cómo maneja Juan Pedro el jo! ¡Qué gusto! Preciso, potente... Me quedé alucinado, de verdad. Espero que haya otro curso pronto Haluzinatuta geratu nintzan, benetan. Espero dot laster besteren bat egotea!

Sobre el futuro

Han acabado las clases de los niños; han empezado sus vacaciones de verano. Hemos terminado todos encantados: los niños, el ayudante Ekain y yo. Lo hemos pasado bien, nos hemos divertido mucho, hemos aprendido mucho. No sólo los niños; yo también he aprendido muchísimo. Ha sido una experiencia muy enriquecedora. Y ya hemos empezado la planificación del siguiente curso. Los colegios han recibido la información, y en breve llevaremos los carteles a la imprenta, después de hacer algún pequeño cambio. Es la primera vez que hacemos algo así, y creo que nos falta un poco de frescura, pero ¡hemos empezado!

Ha sido fantástico enseñar a los niños, o dar a los niños la oportunidad de aprender. ¡Qué diferente comparado con enseñar a adultos. Ha sido sorprendente su sinceridad inocente, su curiosidad y apertura, así como, desde el punto de vista puramente mental, la buena voluntad para hacer el mismo movimiento una y otra vez. También he tenido suerte con los padres. Han entendido que el aikido no es como las otras artes marciales que el aikido rechaza todas las formas de violencia, las justificadas, sí, pero tanto o más las justificadas. Yo me enfrenté a un gran reto: creer que los niños serían capaces de comprender y asimiliar las bases de aikido. Y las han entendido estupendamente, mucho mejor y más rápido que muchos adultos. Bendita falta de contaminación prejuicial.

También haremos una planificación para atraer a adultos. Pondremos carteles e intentaremos hacer alguna exhibición a primeros de septiembre, a ser posible en Zarautz. Cuantos más seamos, mejor. ¡A ver si conseguimos plantar la semilla del aikido en Zarautz y en los pueblos de alrededor!

08 febrero 2009

La asociación, o lo que sea

Desde la Prehistoria, el ser humano ha sabido bien que uniéndose a otros sería más fuerte; es decir, que tendría más posibilidades de dar caza al mamut y demás bichos. Lobos y leones cazan en grupo sus presas. Y dejando de lado esos instintos primarios y usando un ejemplo no tan primitivo, no tenemos más que mirar hacia nuestros verdes montes vascos: en nuestros montes, era habitual el trabajo comunal, hacer los trabajos necesarios entre todos los habitantes del pueblo; todos trabajaban en beneficio de todos. Es decir, una persona sola no puede abarcar absolutamente todo lo que se propone; en algún momento, algo fallará, y no podrá conseguir todo lo que se proponía. Entre muchos, en cambio, se puede conseguir beneficio para muchos.

En ocasiones, he sido un lobo solitario frente a una manada de ciervos. Sin poder decidir a cuál atrapar, mira a uno primero, y a otro después. No se atreve a moverse de su sitio, el pobre. Si no consigue comida, morirá de inanición. Finalmente, presa de la desesperación, sale tras un ciervo, a toda velocidad. Las garras se clavan al suelo, y el lobo corre cada vez más veloz en cada paso. La velocidad hace que el viento silbe en las orejas del lobo, y el pelaje se le pega al cuerpo, para reducir la resistencia al aire. El instinto de supervivencia guía al lobo, pero también al ciervo. Ambos quieren salir con vida de esa lucha. Yo era ese lobo, y los ciervos huidizos de la manada, todas las labores que pretendía realizar.

Al igual que los lobos para cazar, yo necesitaba ayuda, y se me ocurrió formar una asociación; por un lado, para repartir funciones, y por otro, para vincularnos más formalmente a al Club de Aikido Amagoia. Me reuní con Jose Luis y Juantxo de Amagoia, para explicarles qué queríamos hacer; les pareción bien. Luego, hice una reunión, y los alumnos estuvieron de acuerdo conmigo. Siempre han tenido un comportamiento excelente, y en esta ocasión también. Decidimos crear una asociación, y dentro de ella, una agrupación deportiva. Ahora estamos a vuelta con el nombre, atascados a causa de un temilla burocrático: un funcionario del Registro de Entidades Deportivas me dijo que según el Decreto 29/1989 del Gobierno Vasco no se puede poner la palabra aikido en el nombre de la agrupación, porque el deporte principal es el judo, y debemos usar la palabra judo, nos guste o no. Absurdo. He leído el Decreto, pero se menciona la modalidad deportiva, y no se dice en ningún lugar que ese deporte deba ser el deporte principal de la federación. Entretanto, debemos empezar a preparar diversas actividades: exhibiciones, charlas, carteles… preparar la estrategia, en definitiva. Una vez repartidas las funciones, todo será más simple, y estoy seguro de que en vistas al futuro actuaremos con mayor efectividad y que conseguiremos ampliar el grupo.

En el siguiente capítulo: ¿En qué hemos quedado?

07 febrero 2009

¿Estoy cambiando?

Estoy en una encrucijada. Normalmente las encrucijadas dan alternativas: puedes dirigirte en varias direcciones, o volver atrás. Sin embargo, en ocasiones, los cruces de caminos son como remolinos. Hace unos meses, dudaba, en una especie de crisis, y muchos me ayudaron a resolver algunas dudas. Otras dudas quedaron latentes, esperando a que me despistara. Pero sólo una de ellas me preocupa en realidad; las otras se aclararán con el tiempo (preocuparse por ello y la carabina de Ambrosio…), porque sé a ciencia cierta que metiendo horas en el tatami y centrándome esas dudas acabarán desapareciendo. Pero esa otra duda… Esa otra duda me preocupa: ¿estoy cambiando? ¿Y quiero cambiar? Sé que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Sé que el agua que se estanca se pudre. Sé… Y sé que ahora no debo ocuparme sólo de mí mismo: doy por hecho que mis alumnos y los padres de los han puesto su confianza en mí.
Entonces, ¿me conviene cambiar? ¿Debería seguir una línea de trabajo concreta? Mis neuronas envían mensajes contradictorios: las que andan bien calientes (mensajeras del corazón) me incitan a seguir como hasta ahora, experimentando, y las frías (las que me dicen “¡eh tú! pon los pies en el suelo”), en cambio, que debo centrarme en algo concreto. Y creo que eso es lo que hay que hacer, o que eso debemos hacer los que enseñamos. Tenemos una gran responsabilidad, sobre todo al principio, y muchas veces, cuando como alumnos hemos a cursos de la ceca a la meca solemos seguir igual. Y al acabar el curso, cuando volvemos al dojo, nos entran pájaros en la cabeza, que empiezan a dar vueltas y a enredar por todos lados.
Hace poco, unos de los que empezamos en Leioa nos reunimos con Javi en Romo. Excepto a Javi y a Sabin, a los demás no les he visto en todos estos años. Hablamos poco de aikido, pero si un poco sobre la situación burocrática actual. Y mientras volvía a casa, me di cuenta de que estaba cambiando y que debo controlar ese cambio. En lenguaje de ciencia ficción, no debo permitir que ese proceso me controle. Debo volver al origen. Y a decir verdad, gracias a Miguel, no será difícil volver al origen espiritual, aún estando tan lejos del origen físico. Me recuerda a Javi en muchos sentidos, aunque son muy distintos. Por supuesto, de momento, por lealtad, Jose Lus seguirá siendo mi profesor en Donosita. Le debo mucho, y las deudas deben ser satisfechas.
En el siguiente capítulo: la asociación, o lo que sea.