18 noviembre 2008

Forma y dinámica

Todo lo difícil debe intentarse mientras es fácil. Lo dijo Lao-tsé. Estaba inmerso (yo, no él) en una especie de crisis, atrapado en un lodo pegajoso y oscuro. No estaba seguro de si hacer el examen o no. Pero una vez leí la frase, me animé un poquito. Es cierto que correr no sirve de nada, que lo importante es salir a tiempo. La preocupación de última hora trajo esa idea a mi cabeza, pero la filosofía oriental me ha salvado de nuevo. Lo voy a intentar. No a hacer el examen, porque tengo muy claro que si no estoy en condiciones de dar la talla no voy a examinarme. Voy a preparar el examen, lo voy a preparar bien en serio. Preguntaré al comité de sabios, y ellos serán quienes de algún modo decidan si puedo dar ese paso.
He empezado a quedarme en clase de Miguel. Me avisó desde el principio que iba a darme caña, que me corregiría todo lo que pudiera. Cada sensei tiene su visión, y debemos aprovecharlo para enriquecer nuestro aikido lo máximo posible. Y empezó enseguida a corregirme. La cuestión es, y en eso Miguel tiene razón, que a partir del primer o segundo dan tenemos que buscar otro tipo de cosas. Forma y dinámica, dijo: sankakutai, postura, espalda… Los aikidokas tenemos que ser humildes, y aceptar las críticas, porque en nuestro caso, siempre, siempre, son constructivas.
En el siguiente capítulo: estoy cambiando?

16 octubre 2008

Breve crónica sobre el curso de titulación de La Coruña


Reconozco que me he sometido a la dejadez, y aunque la agenda me lo recriminaba día a día, han pasado las semanas más rápido de lo que querría. Aquí estoy, pues, finalmente, para decir básicamente que volví de La Coruña con una muy grata impresión sobre el curso, las instalaciones, el material… Sobre el aspecto humano, someramente, no puedo decir nada negativo, salvo alguna pijadilla puntual que no merece la más mínima atención. De profesores y compañeros, a algunos de los cuales conocí el año pasado en el curso de titulación de Guadalajara, sólo recuerdo momentos agradables, risas, alguna que otra conversación interesante… La verdad es que escuchando un poquito, se podía aprender un poquito de cada uno. Es lo que tiene compartir un mismo espacio con la misma gente durante un tiempo relativamente prolongado: o lo aceptas y pones tu mejor intención en cada momento, o mejor te largas por donde has venido.
Sobre el aspecto académico, ya lo comenté con otros alumnos: estuve alucinado todo el curso, y así regresé a casa. Si hay que destacar algo, sería la eficacia y rapidez de reflejos de la organización. En general, ha sido un curso de gran calidad, con unos profesores de gran nivel, conocimientos y profesionalidad. De hecho, en alguna ocasión incluso rogamos que alguno se cortara un poquito, porque nos estaba desbordando a todos menos al autodenominado único gallego de los profesores. Y a todos nos acojonó un poco los “no, hostias, no” de Troitiño, aunque luego nos dejó entrever la parte humana debajo de la coraza. Pero la calma de Mario, el bienhacer de Carlos, la divertida locura de José Luis, por mencionar a algunos (aunque no me olvido de ninguno, es que ahora no me acuerdo de los nombres), han dejado un poso agradable en mi memoria.
Las comparaciones son odiosas, pero también inevitables. Los que hemos estado en otros cursos sabemos bien cuántas veces pensamos en lo diferente que fue aquí o allí. Pero no conviene ahondar en eso. Nunca se sabe a quién vas a tener que dar la mano en el futuro. Bueno, creo que todos aprendimos bastantes cosas y sacamos muchas conclusiones, y espero no ser el único que aplica alguna de ellas.
Los compañeros suelen ser un factor determinante en este tipo de situaciones. Pueden enfriar un poquito el infierno o arruinar el paraíso. Y si bien este curso quizá no fue el paraíso, mucho menos fue el infierno, pero gracias a la gente todo fue mucho más fácil. Hubo buen ambiente, armonía y ganas de ayudar. Trabajo en equipo y colaboración por un tubo, hasta en los trabajos individuales. Hubo risas, confidencias y sorpresas. Agradables, las sorpresas, cuando dabas a alguien una segunda oportunidad en lugar de juzgarle después del primer gruñido. En lo personal, sólo puedo agradecer a la gente con la que tuve más relación haber hecho que la convivencia haya sido más amena, más divertida y fácil. Por orden alfabético, para que nadie se moleste: Arantxa, Clemente, Eduardo, Emilio, Iñigo, Iván, Isra, Juan Carlos, Raul, Rubén… Hemos pasado buenos momentos, no sólo en las aulas y en el tatami, sino también en la piscina (en el ventiúnico encuentro de waterbasket o relajándonos antes de la cena), de charla en algún bar, de paseo, en el par de cenas al otro lado de las verjas. Será imposible repetir esta experiencia, a menos que los que ya son maestros quieran probar a subir nota, pero me quedo con las buenas sensaciones y un recuerdo imborrable de camaradería. Cada vez que pienso en esos días, no puedo evitar sonreír. En cierto modo, lo echo de menos, sobre todo que todos los coches paren en cada paso de cebra.

03 marzo 2008

Crónica de un minicurso

La sección de Aikido de la Federación de Judo de Gipuzkoa organiza un curso cada seis meses, más o menos. Este año, ha sido el 1 de marzo, y como el año pasado, se ha celebrado en el centro municipal de artes marciales de Anoeta. Fue un curso de sólo dos horas, pero los profesores dieron bastante material para aprender. Miguel se encargó de la primera hora, y José Luis de la segunda. Uno propuso trabajo en ai-hanmi, y en ushiro ryotedori el otro. Para Miguel la base es muy importante, el kihon: hicimos bastantes ukemi, irimi-tenkan (en chudan no kamae y en jodan no kamae), shikko… Después, en ai-hanmi, como he dicho, empezamos con kokyu-ho: entrando en irimi y dando atemi en la sien, y absorbiendo desde la sien hacia abajo. Continuamos con kokyu-ho, de la forma que más hacemos en Zarautz: absorbiendo por dentro en irimi-tenkan, como para hacer shiho-nage. Después, hicimos irimi-nage omote, y después, trabajamos una forma que me gusta mucho: absorber para hacer ikkyo y entrar en irimi tai no henka por debajo del brazo de uke. Me encanta. En esa variación, hicimos kote-gaeshi y nikyo, entre otras técnicas. Miguel tuvo que recordarme que estuviera derecho; por lo visto, tengo tendencia a agacharme. Tengo muchas ganas de ir a sus clases. Igual sigo yendo a las clases de José Luis los martes y sábados (cada vez menos), y empiezo a ir a las de Miguel los jueves. Me gustaría un montón.
José Luis, después de un breve calentamiento, empezó con ushiro ryotedori. Primero hicimos shiho-nage. Tenía a Gorka al lado e hice con él. Es el alumno más nuevo de Zarautz y no había hecho trabajado todavía ushiro ryotedori. Al principio, trabajamos la forma ortodoxa, pero después, tori tenía que atacar (chudan-tsuki), y uke, después de bloquear la muñeca de tori, seguía en ushiro ryotedori. Hacer las técnicas de esa manera requiere un cambio de perspectiva, pero en eso consiste, por una parte, nuestra labor: estar listo para el cambio, aceptar los cambios y adaptarse a ellos. Eso creo yo por lo menos. En definitiva, fue un gran curso.
Pero han pasado otras cosas importantes este fin de semana. El sábado tuvimos visita en Zarautz. Pasamos una buena tarde y cenamos estupendamente. Nuestra Nora se portó fenomenal en el restaurante: tomó el biberón y se quedó frita. Y el domingo por la mañana corrí la Herri Krosa de Zumaia: una carrera 10.200 m en 46:53. ¡Genial! ¡Fui a acabar y casi hago mi mejor tiempo!

28 febrero 2008

Sobre la evolución (o mis polluelos)

Este pequeño artículo demuestra que yo también —como otros tantos—, a veces, veo los documentales de la 2; bueno, exactamente, que por lo menos he visto uno. El documental que vi trataba de una investigación sobre la evolución y el proceso de aprendizaje. Los investigadores separaron y aislaron polluelos de una especie de pájaros cantores, para estudiar cómo aprendían a cantar sin el ejemplo de los padres. No recuerdo de qué especie se trataba, pero sí de la conclusión principal del estudio: los polluelos aislados aprendían a cantar. Aunque no tenían el amplío registro de los que aprendían con los padres o de los que vivían en libertad; comparando los cantos, los investigadores se percataron de que el canto de los pájaros cautivos y aislados era básicamente igual, pero más simple, y pobre. Claro, no habían tenido el ejemplo de los padres o de otros ejemplares de la especie, y como estaban aislados, no tenían necesidad de comunicarse con ningún congénere. La investigación demostró, entre otras cosas, que algunos conocimientos son natos. Era un estudio más complejo, pero ahora sólo me acuerdo de eso.
Es un excusa adecuada para explicar una idea que me ronda desde hace tiempo la cabeza: mis alumnos son polluelos y están aislados en un dojo que O’Sensei vigila estricto. La mayoría de los alumnos, como si fueran polluelos de una misma nidada, tienen un nivel semejante, porque excepto unos pocos todos empezaron casi al mismo tiempo. Por lo tanto, no hay alumnos de nivel técnico mayor, no hay alumnos que puedan tomarse como ejemplo, no hay alumnos que puedan dar los consejos del que sabe… Están aislados y no escuchan el canto de pájaros experimentados, y no tienen necesidad de utilizar registros de mayor riqueza. Están aislados y no practican con alumnos que tengan el 1er dan, no ven practicar a aikidokas con más horas de tatami… No es grave, la verdad; de hecho, el mes que viene hay exámenes de 4º y 5º kyu, y después de ver los que se hacen en otros sitios, diría que no están nada mal. Es más bien una cuestión de repertorio técnico. En otros dojos, se practica gran cantidad de técnicas, y no sólo las de los primeros kyus. Por una parte, están limitados, pero por otra, aprenden poquito a poco. No es malo, y no es bueno, sino diferente, y según pase el tiempo, se pondrán al nivel de los demás.
Total, yo también fui un polluelo aislado, y gracias a mi profesor, porque me animó y llevó a las clases de otros profesores y a cursos, estoy aquí ahora, dando clases y cada vez con más ganas de aprender. Espero que mis alumnos (y alumna) estén como yo en el futuro. ¡Porque yo también fui un polluelo aislado!